Zervedero y la Reyna roja

 

Lo encontramos en la entrada principal de la impresionante zona arqueológica de Palenque, Chiapas. El niño, por su complexión calculo que tenía diez años, pero por sus palabras y su seguridad al hablar daba la impresión que era mayor.

__Cómo te llamas? Pregunté.

__ Zervedero, contestó.

__ Zervedeeero??, repetí sin poder contener la risa; él asintió con su cabeza.

__ Tú sabes ser guía?? Y él nuevamente asintió, y con paso veloz caminó hacia la gran Plaza y nosotros le seguimos. Sin detenerse, el muy pícaro me dijo __ le va a gustar la historia romántica de la “Reyna roja” …

__ En serio??

__ Te sabes el relato?? Dije riendo asombrada, él afirmo seguro. Obviamente se dio cuenta del interés que despertó en mí.

 

Además de asombroso, el recorrido al recinto arqueológico fue divertido con los relatos cómicos de Zervedero, mitad verdad, mitad invento. Él se detenía cada cinco minutos a preguntarme cuantos llaveros le íbamos a comprar. De su brazo izquierdo colgaba una gran correa de cuero que sostenía decenas de llaveritos circulares que, por cierto, eran arte en cuero con imágenes multicolores, geniales como souvenirs de la cultura maya.

 

Nos llevó al Templo de las Inscripciones, al Palacio y todo el conjunto ceremonial, al Templo de la Cruz, al Templo del sol y por supuesto al Templo XIII, el que guarda uno de los misterios más asombrosos de los mayas: la tumba de la Reyna roja, un sarcófago monolítico de piedra caliza descubierto apenas hace veinticinco años de manera accidental, eso fue lo que comento el amigo guía, incluyendo en la historia que ella fue la esposa del rey Pakal el Grande. Con el hallazgo se determinó que era una mujer de la aristocracia de aproximadamente sesenta años, que murió acompañada de una doncella y un niño, mismos que fueron sacrificados para ir juntos al más allá de acuerdo a estas creencias mayas.

 

Lo interesante nos dijo, fue que sus huesos y sus accesorios tenían un color precioso, el rojo carmín del cinabrio con el que se les guardó… hizo una pausa, y nuevamente preguntó:

 __ ¿cuántos llaveros me van a comprar?

 

Soltamos la carcajada y le respondí que serían diez llaveros, pero hasta terminar el paseo. Salimos del Templo XIII sin saber todo el romance de la Reyna roja y pensé que lo contaría al final, pero el amiguito nos desvió a una zona nueva, un sendero maravilloso de selva natural y exuberante vegetación, recién abierto al público, con cientos de escalones en desniveles; lo que enamora de esta área sin duda son los ruidos y sonidos de pájaros diversos, el agua de un pequeño arroyo que recorre todo el tramo que se camina, además de los sonidos que son propios de la fauna de este lugar, abarrotado de visitantes. Para nosotros el recorrido se terminó en los primeros trescientos metros; sinceramente nos atemorizamos, el calor y la humedad habían hecho su efecto y preferimos no seguir. Entonces nuestro pequeño guía para no perder nuestro interés, con mucha astucia dijo que era hora de subir a cualquiera de los templos porque afirmó convencido: “la mejor vista de Palenque es desde arriba”

 

Mi hijo Jesús y yo aceptamos el reto y mi esposo con gran sonrisa dijo __ yo paso, aquí los espero en la sombra, muero de calor.

 

Escogimos un edificio enorme, de muchos escalones, los subimos uno a uno con todo cuidado detrás del pequeño guia. Íbamos concentrados en el trayecto empinado y buscando la mejor manera de subirlo, cuando nos sorprendió, casi a mitad del tramo, el giro que Zervedero dio a su torso, volteó instintivamente y vimos como su rostro se transformó ¡

De la inocente sonrisa pasó a una mueca de enojo, y sin medir los riesgos, ¡se aventó! Literalmente brincó de una sola zancada varios escalones abajo y lanzó tremendo silbido que nos espantó¡¡

__ Que fue Zervedero? Grité.  __ Por qué bajas así?

¡Ese pinche Fidel que quiere venderle llaveros a su esposo; hijo de su chingada madre! ¡¡Ahorita le rompo su madre al cabrón!!! Y sin más, nuestro guía nos abandonó a medio templo.

 

Muertos de risa, mi hijo y yo continuamos hasta llegar arriba. Efectivamente, la mejor vista para apreciar la majestuosidad de la cultura maya es desde las alturas. Descubres que Palenque al igual que Tikal y Calakmul fueron las ciudades más poderosas del periodo prehispánico.

 

Además del lindo panorama, observamos a lo lejos que Fidel corría como loco, y a mi querido esposo haciéndola de réferi con ellos, también terminó muerto de risa comprándole a los dos, llaveritos de recuerdo de Palenque. Y fue así que, por culpa de Fidel, el romance de la Reyna roja y Pakal el Grande, Zervedero nunca nos lo contó.