El zumbido
Llegaron cansados y sedientos, con intenso frio
que llegaba al alma de cada uno. Habían recorrido cientos de kilómetros y solo
era la primera parte de un largo camino que los llevaría a su anhelado destino.
Gabriel era el guía del que tanto les habían
contado antes de salir de su tierra natal en Honduras. Hablaban siempre de él
porque quienes habían regresado luego de frustrados intentos, se referían a su
persona como un experto pollero. Era audaz, inteligente, atrevido, muy hábil
para despistar a los policías y personal de migración mexicana, pero en general
era tranquilo si no te pasabas de lanza con él.
El territorio lo conocía a la perfección, y sabía
el momento justo cuando llegaban al lugar de las “moscas”, decían que
era un pequeño tramo en Chiapas, muy cerca de Ocozocoautla, que daba no solo
miedo sino terror. Narraban los indocumentados que esas moscas eran feroces,
gigantescas, con ojos saltones y muy rápidas; y solo era Gabriel quien había
podido cruzar muchas veces a “su gente” porque conocía el secreto para
evitarlas o desaparecerlas con un simple truco que no compartía con nadie.
Era casi una leyenda, evitaba socializar, decían
que tenía una lengua exageradamente larga, por eso hablaba poco o casi nada;
todo era a señas o silbidos en medio de la nada. Quizá por ello le gustaba
realizar sus recorridos a media noche. Además, afirmaban, su lengua estaba
envenenada o quizá hechizada; era capaz de engullir a miles de los insectos en
instantes.
Samuel y su hermano Joel fueron quienes se
atrevieron a contar esta versión en su primer intento al cruzar a los EU. Ellos
sostenían, que fueron los cinco minutos más horrendos de sus vidas y que no
saben si de veras ocurrió. Juran que exactamente en el tramo que les dijeron, comenzó
a escucharse un zumbido ensordecedor, desesperante, - “todos tirados boca abajo
y cubran sus caras” - indico Gabriel. Por el rabillo del ojo Samuel pudo
comprobar que eran seres extraños, moscas aparentemente, pero sus alas y cola
no coincidían, ojos horrendos que solo en revistas de ficción había visto, sus
cuerpos despedían luz neón que les daba facilidad de detectar los cuerpos.
Samuel empujo con su codo a Joel para que abriera los ojos y vieron ambos la
succión y bocanadas que Gabriel hacía con su lengua colocado boca arriba, y eso
era lo realmente espeluznante.
Culminaron los minutos del zumbido y en medio
de la oscuridad se quedó el silencio infinito, el asombro agobiante y el terror
reflejado en sus mandíbulas tensas. Cuando escucharon el grito de Gabriel:
“corran, corran” sus pies tomaron una dimensión desconocida y no pararon hasta
encontrar luz, muy cerca de la carretera. Después de ese drama, ya no les
interesaba llegar al otro lado, solo deseaban descubrir el primer reten y pedir
ayuda. Y así lo hicieron.
Dicen quienes los conocen que después de eso,
Samuel y Joel regresaron a su pueblo, pero no serían los mismos; dudaban de su
cordura.
Lo cierto es que cada que escuchaban un
zumbido, instintivamente se tiraban al piso.
Edith González Marín
17 de abril de 2018
Taller Literario Mallinalli.
2 Comentarios
Será que las moscas eran personas😎😎😎
ResponderBorrarFelicidades, quiero leer más sobre el zumbido
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